De cafetaleros y cacaoteros, tesoros de Costa Rica para el mundo 

Tanto el chocolate como el cacao son tesoros de la gastronomía de Costa Rica y durante años han sido consideradas como moneda de cambio.
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Dos tesoros de Costa Rica que se han convertido en sinónimos de calidad y sabor en todo el mundo. Aquí, donde sus plantaciones representan una mezcla de tradición, historia y dedicación, los senderos se entrelazan para llevar a sus visitantes a una experiencia de sensaciones únicas. 

Su vegetación, su clima húmedo y cálido, así como sus latitudes han hecho del suelo costarricense una tierra fértil para dos grandes frutos considerados como joyas ancestrales: el café y el cacao

Caminar las fincas bajo el sol de mediodía sugiere desde el comienzo añadirle un gran valor a esa taza que se toma por las mañanas. Representa una concientización de todo el proceso que conlleva el sembrar, cultivar, secar, tostar y moler y así llevar el sabor dulce del cacao convertido en chocolate, a la boca o el aroma del café recién preparado. 

¿Un café “tico”?

El café, esta bebida con la que despiertan millones de personas en todo el mundo, es para muchos el motor con el que arrancan sus actividades día con día. En este sentido –y de este lado del mundo y una parte de Europa– el café de Costa Rica se distingue por su sabor. 

El “cafético” de Costa Rica tiene tintes que dejan entrever notas de frutas, nueces y algunas flores como la jamaica. Sus montañas compuestas por volcanes y su clima tan variado, crean las condiciones adecuadas para que el café de este país adquiera ese sabor único. 

Aquí, los cafetales deben estar a 600 metros sobre el nivel del mar, donde los caficultores puedan cuidar las plantas con mayor esmero, para producir el café arábigo. 

Su sabor a frutas depende de la tierra que comparte con otros árboles y flores donde se pueden encontrar, plantas de banano, menta, romero, anís, entre otras.

La vida de un árbol de café

Un árbol de café puede vivir hasta 60 años. No obstante, su vida más prolífica es durante los primeros 30. Una vez que cumplen esta edad, los árboles se cortan y se reemplazan por otros más jóvenes. La madera que se extrae de ellos se utiliza como leña para el mismo proceso de preparación del café. 

José Alfaro, guía de turismo en la región de Naranjo de la provincia de Alajuela, comenta que en todo el país hay ocho regiones para cultivar café; sin embargo –dice– la de Naranjo es la mejor para producirlo. 

“La mayoría del café que se produce aquí es para exportación. Por ejemplo, el café Arbar se exporta a Inglaterra, Estados Unidos, Corea y Japón. También los principales mercados de este café son Suiza, Inglaterra, Alemania, casi todos los países de Europa, pero estos tres tienen una alta demanda del café que principalmente se produce en la región de Naranjo”, asegura.

José Alfaro.

Al preguntarle sobre cuál es la mejor temporada para visitar una finca de café, Alfaro responde que de diciembre a mediados de febrero. “También puede ser a principios de marzo pero para una mejor experiencia donde los visitantes pueden venir a recoger el café, utilizar las camas de secado en función y todo el proceso en general, esta es la temporada”.

“Si la gente quiere vivir una experiencia local la verdadera esencia del café, esta región ofrece todo para poder vivirla. Aquí van a poder ver todo el proceso, desde el cultivo, hasta el molido, todo de una manera rústica y local que es la mejor manera de obtener el café”.  

De acuerdo con José Alfaro, guía acreditado por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), Costa Rica se encuentra en el top diez de los mejores productores de café en todo el mundo. 

Una de las fincas más importantes de la región es Arbar, que está constituida por una microempresa familiar dedicada exclusivamente a la producción del café. 

Su grano se cosecha y se seca directamente al sol en las montañas de Lourdes, Naranjo, lo que garantiza una calidad única de la región.

Cacao, el oro dulce

Desde que el cacao llegó a Costa Rica se ha utilizado como moneda de cambio. Las personas de los pueblos originarios lo intercambiaban por otros alimentos, servicios y bienes. No por nada este ingrediente detrás del chocolate es considerado como un oro dulce. 

Ubicados entre los bosques tropicales, los árboles de cacao se dan durante todo el año. Al pasar cinco meses desde el inicio de la temporada de lluvia –que se extiende de mayo a noviembre– es posible ver más flores debido a las constantes precipitaciones. 

Al igual que el café, los granos de cacao tienen un proceso de secado al sol que incluye una fermentación previa para después ser molido y crear una pasta con la que se elaboran las barras de chocolate. 

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Rainforest Chocolate Tour, una experiencia sin igual.

En el cantón de La Fortuna de la provincia de Alajuela, Rainforest Chocolate Tour es una experiencia que muestra todo el proceso del cacao desde que es una flor pequeña que emana de la rama de un árbol hasta el momento en que se prepara para convertirse en chocolate de tableta o jarabe. 

Keilor Perkins, guía al interior de este recorrido, resalta que si bien, Costa Rica no es un referente por la cantidad de cacao que se produce, sí lo es por su calidad. 

“Costa Rica produce el 00.1 por ciento del cacao del mundo, el 72% de todo el cacao en el mundo viene de África. Sin embargo, acá una tonelada de cacao se vende en 60 mil dólares para poder pagar a los empleados, pero en África esa misma tonelada vale 3 mil 400 dólares, 20 veces más barato. La única forma de competir es con buena calidad de chocolate, con un proceso orgánico”.

Perkins detalla que lo que se pretende con este tour es dar a conocer el proceso que lleva el cacao para producir el chocolate de una forma rústica y tradicional. 

“En esta experiencia el trabajar, moler, el cortar la fruta, le agrega un poco más a lo que ya se conoce del chocolate y se aprecia mucho más la historia y el proceso de elaboración, no la barra en sí”.

Keilor Perkins.

Durante este tour se explica que las chocolaterías locales han elevado su producción a una forma de arte, creando tabletas y trufas que exploran una amplia gama de sabores, desde notas frutales hasta toques picantes y ahumados, los cuales son posibles de probar en el recorrido. 

Al final, tanto el café como el cacao representan más que un producto; son la prueba viva del amor y dedicación que existe entre las personas y la tierra que trabajan. Es un estilo de vida que se refleja en cada mordida y en cada sorbo y que revelan toda una historia rica en tradición y cultura. 

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